Uno de mis sueños y anhelos

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Uno de mis sueños y anhelos desde la niñez fue hacer feliz a mi madre, a mi padre y mis abuelos con los que me crie y crecí, quería compensarles (a veces era como un deber) por todo el cariño recibido, como si debiera pagar por ello. Casi todas esas personas ya no están aquí, aunque sigo pensando en ellas a diario.

Ahora ese sentimiento y a veces también responsabilidad la tengo con otras personas, algunas estarán siempre en mi vida, otras han estado y por alguna razón no están ahora, el caso es que la sensación permanece, lo que han cambiado son las personas. Es por eso que he hecho muchas cosas y dejado de hacer muchas más, a veces sintiendo que es una especie de peaje, quiero tu cariño y afecto y haré lo que yo crea que es necesario para no perderlo nunca. Realmente lo que hay detrás es miedo a no ser merecedor de lo que recibo.

Cuando se trata de nuestros hijos, si los tenemos, o incluso nuestras parejas nos entregamos, y al menos de manera consciente lo hacemos sin esperar nada a cambio, aunque probablemente deseamos ser igualmente queridos.

En el sentimiento de amor, cuando se ama a alguien, no interviene nadie que no seamos nosotros mismos, ni siquiera la persona amada, es puro, limpio, y desinteresado. Cuando no es así, y ocurre con mucha frecuencia, es por el apego que sentimos hacia esa persona, sentimos miedo. Puede ser que nazca por un pensamiento sin más, y comenzamos a sentirnos inseguros, frágiles, desconfiados, temiendo el final mucho antes de que se produzca y exponiéndonos al dolor innecesariamente, lo que nos hace plantear estrategias para prevenir y evitar un final que ha surgido que nuestra imaginación.

Mientras tanto nos alejamos del sentimiento y también de nosotros mismos, sin darnos cuenta modificamos nuestros comportamientos y actitud, nuestros pensamientos empiezan a activar mecanismos de defensa ante un enemigo imaginado y desconectamos de lo que realmente somos, llegando incluso a traicionar nuestra esencia.

Con todo ello nuestras relaciones se deterioran, nos invade la tristeza y frustración por no conseguir lo que el ego nos hace creer que nos pertenece, creciendo más nuestro miedo y sintiéndonos muy desdichados.

A veces para reaccionar nos tiene que zarandear la vida, dar una fuerte sacudida, y con ello provocar cierto aislamiento y reflexión. Es en esa soledad cuando quizás un breve instante de lucidez nos permite ser conscientes de que no son las cosas que nos ocurren, más bien la interpretación que nosotros hacemos de esas mismas cosas lo que nos hace sentir de esa manera.

Es ahí, en ese lugar en el que creemos encontrarnos, en el único momento posible, donde y cuando tenemos la oportunidad de empezar de nuevo, y lo logramos sólo si somos conscientes de que lo único que realmente poseemos es la capacidad de identificarnos con nuestra esencia.

No pensamos para estar equilibrados y en paz, es desde la paz mental, desde la serenidad desde la que liberamos los pensamientos que nos hacen sentir esclavos de creencias que sólo nos hacen sufrir.

Ahora pienso y actúo desde mi libertad, quiero y disfruto de las relaciones que tengo sin temor a perder o a no ser aceptado.

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